domingo, 21 de octubre de 2018

Convicciones Filosóficas en Educación



 La Filosofía de la Educación se puede describir como un campo de investigación y de enseñanza académica que limita el alcance de este ámbito a las actividades de un pequeño grupo de profesionales que 
trabaja esta área específica.


 Las convicciones y los valores son factores fundamentales que intervienen en la dinámica del fenómeno educativo. La transmisión de convicciones y valores implica responsabilidades jurídico-políticas y pedagógicas para los agentes educativos.

Dado que la educación es el proceso de formación del hombre en la vida social y para la vida social, o la asimilación de las experiencias que preparan para la vida humana, se entenderá que la Filosofía de la Educación estudia las leyes, las situaciones y los fenómenos del mundo, del hombre, de la sociedad y de la cultura en relación con el proceso de la formación humana a partir de las posiciones filosóficas.



El concepto de “convicción”, cuando se refiere a los sujetos, puede entenderse como un estado subjetivo que reúne simultáneamente dos cualidades: la certeza acerca de la verdad afirmada, y la pacífica posesión de esa verdad en forma de una racionalidad cordial
  
En la práctica, las convicciones pedagógicas se manifiestan más a través de los aspectos metodológicos y organizativos de la enseñanza que en los contenidos curriculares concretos. Las convicciones pedagógicas constituyen el fundamento desde el que establecer y justificar aquellos procesos educativos que, respetuosos con la dignidad de la persona humana, promueven formas particulares de organización pedagógica y/o metodologías de enseñanza.

  • La Responsabilidad de la Educación. La transmisión de valores y convicciones en las sociedades democráticas está socialmente reconocida y asociada a diversos agentes educativos tales como las familias, los profesores, los colegios. Además suele incluirse un cuarto agente, el Estado. Sin embargo, las relaciones entre los diversos agentes responsables de la transmisión y formación de convicciones en los sujetos que se educan no es una cuestión pacífica, y frecuentemente se producen tensiones entre unos y otros, y entre los diversos valores en disputa.

“Neutralidad” y “Beligerancia” en educación



La beligerancia es el compromiso activo del agente educativo por transmitir de forma explícita y comprometida unos valores y convicciones determinados por encima de otros.

La neutralidad es la actitud de quien, ante un conjunto de opciones existentes respecto de un objeto determinado, no apoya a una (o varias) de ellas por encima de las demás.

Pueden llegar a extremos igualmente perniciosos, como el adoctrinamiento, la manipulación, la propaganda o el relativismo.

Hay que tener presente que la función profesional del educador no es la de transmitir sus propias opciones, convicciones, creencias religiosas, ideologías o políticas.

Asumir una actitud de neutralidad o beligerancia no sigue necesariamente del hecho de tener o no tener unas preferencias personales, sino del hecho de manifestarlas o no, y de actuar o no en función de tales preferencias en el contexto de la actividad educativa. En la enseñanza, tanto la neutralidad como la beligerancia deberían examinarse en función del proceso educativo, como un procedimiento o técnica y no como una posición personal del educador. Pueden entenderse como aspectos opuestos o excluyentes.
 Otro de los aspectos más complejos de la neutralidad y la beligerancia es la relación que se establece entre escuela y profesor, entre ambos con los padres y las relaciones entre centros docentes y familias respecto al Estado.


Estado y Educación
El Estado debe reconocer el derecho a transmitir una serie de convicciones que sean diferentes a las del Estado. También los centros promovidos por las Administraciones públicas pueden orientar su enseñanza hacia determinados valores o convicciones elaborando su propio proyecto educativo. El carácter obligatorio de la escuela, no se impuso directamente a los menores sino a las familias, entre otras cosas, como un medio para evitar la explotación de su fuerza de trabajo.

La función social y educativa de la escuela representa la responsabilidad que el conjunto de la sociedad asumen frente a las nuevas generaciones.
Partiendo del reconocimiento del derecho del Estado a ejercer un control en los procesos educativos y las instituciones docentes, es preciso analizar también de qué manera se autorregula este poder y se impone una serie de límites.

Los centros públicos tienen que ser, por imperativo legal, ideológicamente neutrales. Los centros públicos tienen que ser, por imperativo legal, ideológicamente neutrales. Deben “desarrollar sus actividades con sujeción a los principios constitucionales, garantía de neutralidad ideológica y respeto a las opciones religiosas y morales”. Esto es lo que se ha llamado “ideario educativo constitucional”. 


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